El régimen iraní aplastó brutalmente las protestas de 16 días en enero de 2026 con violencia letal, masacres y un apagón nacional de internet que aisló al país, según testimonios clandestinos de iraníes grabados desde apartamentos ocultos.
La inflación descontrolada disparó precios de básicos como huevos por nueve veces, lo que llevó a comerciantes del bazar a cerrar tiendas en protesta; artistas como Goli y empresarias como Taraneh expresaron rabia por el nivel de vida colapsado, mientras manifestaciones masivas evocaban el movimiento Mujer, Vida, Libertad de 2022 con familias enteras en calles, incluyendo madres con bebés para enseñar resistencia.
Ingenieros como Nasser describieron entusiasmo inicial con rumores de comisarias incendiadas y fuegos artificiales, pero la Guardia Revolucionaria y milicias Basij contraatacaron la noche del 8 de enero disparando a quemarropa, dejando campos de batalla con heridos sin atención médica por miedo a ejecuciones en hospitales; Arash, enfermero, relató usar velos como torniquetes y colegas apilando 20 cadáveres.
Organizaciones de derechos humanos estiman más de 30.000 muertos, el régimen reconoció 3.000 culpando a extranjeros; familias pagan 6.250 euros por cuerpos, emiten confesiones escenificadas y chantajean parientes para inflar bajas de Basij, aunque la esperanza persiste de que el régimen desaparezca pese al control frágil.