La Justicia reconstruye las últimas horas de vida del anestesista Alejandro Salazar, de 31 años, quien destapó el robo de propofol en hospitales y apareció muerto en su departamento con una vía colocada el 20 de febrero. Las cámaras captaron sus movimientos el 19: salida al gimnasio, regreso con un sobre en la mano saludando a seguridad, y salida final a las 20 horas.
Salazar tuvo comunicaciones con un amigo sobre un conflicto de pareja y bajón emocional, planeando verse al día siguiente, pero envió un mensaje confuso a las 3:50. La reportera Agustina Binotti reportó desde el edificio en Junín y Godoy Cruz: entrada con Face ID, puerta del departamento con huella o código, y una bolsita de madera al regresar del gimnasio.
Amigos como Fini, Tati Leclerc (Chantal) y otros manipularon su celular y tablet tras la llegada de la hermana; Tati conocía la clave del celular. Analizan llamadas, antenas y relaciones, incluyendo con Fini y Chantal Leclerc. Investigan si fue sobredosis autoproducida o algo más, en medio de adicción al propofol pese a su vida activa en hospitales como Rivadavia y Fernández.
Hay dos causas: una por el doctor Cubría sobre la muerte, y otra por Sánchez Sarmiento y Herrera sobre el robo de propofol, involucrando a Boberi y Lanusse. El amigo alertó al día siguiente al notar su ausencia laboral.