Largas filas se registran en estaciones de servicio del altiplano boliviano por la escasez de diésel, que obliga a los conductores a esperar para cargar combustible.
La diferencia de precios entre el combustible subsidiado en Bolivia y los del mercado regional alimenta el contrabando, donde contrabandistas compran barato localmente y lo venden caro en fronteras, agravando la escasez.
Bolivia lidia con escasez recurrente desde 2023. En enero, el gobierno de Rodríguez Paz emitió un decreto para ajustar precios por contrabando, pero la alza del petróleo empeora la crisis.