El pastor advierte contra dos extremos al ejercer dones espirituales: orgullo por experiencia e inseguridad personal como Timoteo, enfatizando dependencia de Dios para frutos agradables al Señor.
Explica que los dones del Espíritu Santo edifican la iglesia, no al portador, y critica cómo el tiempo lleva a independencia, citando Mateo 7 donde Jesús rechaza a quienes obran milagros en carne. Recuerda anécdota con pastor José Luis sobre no acostumbrarse al ministerio para evitar muerte espiritual.
En el otro extremo, como Timoteo, Pablo urge no descuidar ni avivar el don, con espíritu de poder, amor y autodisciplina, no temor. La santidad protege pero la valentía activa los dones; todos tienen al menos un don según 1 Pedro 4:10.
Destaca que Dios valora obedientes invisibles sobre visibles, como intercesores con perfil bajo pero gran autoridad por intimidad. Anima a ejercicio de dones para edificación mutua en diciembre de victoria.