En Alto Calilegua, en las yungas jujeñas, solo Tito y Betty viven todo el año, accesible solo caminando 20 km o a caballo en 7-11 horas desde San Francisco.
El lugar ofrece paz y vida sana con animales, huerta y molino de más de 200 años, pero familias se van por falta de trabajo y desinterés juvenil por el campo.
Betty lamenta caminos destruidos y aislamiento pese a biodiversidad con yaguaretés; casas abandonadas se usan en verano.
Periodistas tardaron más de 10 horas caminando para llegar y mostrar este rincón remoto de Argentina.