El pastor prometió obediencia total a Dios para desatar bendiciones económicas sobrenaturales.
Continuó enseñando principios bíblicos como priorizar a Dios sobre todo, cuidar la familia y realizar una administración inteligente del dinero para volverse confiable ante Dios y recibir bendición.
Advirtió sobre fugas financieras causadas por desorden, codicia, presunción, pereza e incredulidad, e instó a confiar plenamente, ser generoso e íntegro para que fluya la provisión divina.
Anunció meses de bendición económica fuerte y guió una oración colectiva pidiendo sabiduría para corregir finanzas, activar fe, renunciar al orgullo y tener corazón generoso.
Enfatizó la obediencia en diezmos, primicias y mandatos divinos, incluso en tiempos de escasez, y pidió un manto de sabiduría para administrar la abundancia que Dios enviará, aprendiendo a ordenar exceso, ahorros e inversiones.