Papa Francisco describe su rutina diaria de sueño reparador, despertándose a las cuatro de la mañana sin necesidad de alarmas gracias a un reloj biológico interno, y admite que el dolor ajeno, especialmente el de niños con hambre y ancianos abandonados, lo aflige profundamente.
Durante la dictadura argentina, como provincial jesuita, recurrió a la psiquiatra doctora Rubel por seis meses para manejar situaciones difíciles como rescatar personas escondidas y pasar controles militares, lo que le ayudó a clarificar miedos y mecanismos emocionales. Reconoce neurosis como compañías de toda la vida que hay que "cebarle mate", controla su ansiedad para no dejarla entrar, y vive errores con pena y arrepentimiento, buscando repararlos.
Habla de tristezas hondas por muertes familiares y momentos históricos duros, admite enojarse ocasionalmente sin guardar rancores, y mejoró su salud con una dieta para desequilibrio pancreático-hepático tras parecer enfermo antes del papado. Planeaba retirarse a confesar en Flores, pero el Espíritu Santo lo eligió; no extraña Argentina tras 76 años allí, prefiere comunidad en Santa Marta y toma decisiones difíciles con seguridad interior.
El entrevistador destaca al pontífice como un ser humano con fortalezas y debilidades, expresando emoción, tristeza y gran pérdida, cerrando con una oración en el nombre de la Trinidad.