El fiscal Adrián Arribas confirmó que una banda ejecutó al policía Molina de 42 años tirándolo al piso y disparándole sin darle tiempo a reaccionar durante una recaudación de caudales en Lomas de Zamora.
Los delincuentes lo esperaban apostados, bajaron de una camioneta sin patente, lo abordaron cuando estacionó, lo redujeron y le dispararon dos veces en el pecho con entrada y salida de proyectiles. Encontraron tres vainas: dos de 9 milímetros y una de calibre 40. Se llevaron su arma reglamentaria, parte del dinero y limpiaron huellas en el vehículo con la remera de la víctima, dejando solo una marca dactilar.
Molina estaba de civil, en franco servicio y sin chaleco antibalas. La investigación está muy avanzada con al menos tres delincuentes identificados, posiblemente más, experimentados en borrar pruebas. El fiscal anunció procedimientos inmediatos para esclarecer el aberrante crimen.
El panel denunció con indignación la falta de ambulancia: compañeros policiales lo cargaron en un móvil y le hicieron RCP durante 10 o 15 minutos camino al hospital, contrastando con la rápida respuesta para delincuentes. Criticaron la impunidad, la frialdad de los asesinos que volvieron por más dinero junto al cadáver y la sospechosa precisión del dato sobre horario y carga.
Sospechan entrega interna desde la empresa de cobranzas o comisaría, en contexto de bajos sueldos policiales (aumento de solo 40 mil pesos) que obligan a adicionales mal pagos, exponiendo vulnerabilidades como no usar chaleco ni vehículo blindado.