El pastor continúa la lectura de Génesis capítulo 2 versículo 10 sobre el río que salía del Edén, explicando que sus aguas daban vida, salud y alegría a Adán y Eva hasta que pecaron y fueron expulsados, quedando sin paraíso ni río.
Dios hizo brotar un nuevo río de una roca en el desierto para los israelitas, como dice Salmo 78:16 y 1 Corintios 10, y esa roca es Jesucristo, de quien fluye agua de vida eterna para quien tenga sed, invitando a todos a beber gratis.
En el Nuevo Testamento, Jesús proclama en Juan 7 que ríos de agua viva brotarán del corazón de los creyentes que lo compartan con el mundo, convirtiéndolos en canales de gracia, perdón y salvación, advirtiendo que retenerlo seca el espíritu propio.
Critica duramente la apatía de cristianos que no evangelizan, comparándolos con fariseos de brazos cruzados, enfatizando que un alma vale más que todo el oro, criptos y riquezas del mundo, y urge salir a predicar porque hay fiesta en el cielo por cada pecador arrepentido.
El río culmina en el cielo brotando del trono de Dios, curando naciones, y los creyentes deben ser canales abiertos para llevarlo a un mundo en necesidad, ocupándose más de Cristo para recibir más gracia al compartir.