Brandoni arremete contra la sociedad que apoya el culo en un sillón viendo a millonarios jugar fútbol, declarando que no hay esperanza. Señala que las ideologías desaparecieron y solo queda el hombre concreto que actúa así o asá.
En tono pesimista extremo, concluye que el hombre es un simio parado que caga sentado, pero de tan pesimista que es, resulta optimista porque los extremos se tocan y el frío quema.