Ángel de Brito comparte un chimentazo personal sobre las palizas que recibió de niño de parte de su padre y abuela, dejando marcas visibles como rayas bordó en las piernas.
Describe cómo su padre, un vasco grandote con mano grande, lo golpeaba disfrutando el momento, y su educación estaba dominada por abuela, madre y padre.
Explica que era dócil hasta los 13 o 14 años, y hoy se da cuenta de que podría haberse muerto sin entender que lo estaban "matando", diferenciando impactos en hombres y mujeres.