José Sánchez, coordinador de Médicos Sin Fronteras en Sudán, explica que el país vive la mayor crisis humanitaria del mundo tras tres años de guerra entre el ejército y las Fuerzas de Apoyo Rápido. Los civiles sufren ataques deliberados con drones en hospitales, mercados, escuelas y fuentes de agua, con total impunidad y sin reacción internacional pese a graves violaciones al derecho humanitario.
Sánchez señala a países con influencia diplomática, como Emiratos Árabes Unidos por suministrar armamento a las paramilitares, y pide que ejerzan presión para detener atrocidades en todas las zonas. El sistema de salud, ya débil, colapsó por completo: un tercio de las estructuras no funciona, programas de vacunación interrumpidos generan brotes de sarampión y cólera, y la desnutrición se agravó sin ayuda humanitaria suficiente.
La indiferencia global persiste ante ataques directos al personal sanitario lejos del frente, mientras la ayuda no llega a la población en condiciones extremas.