Los húngaros votaron masivamente por un cambio de gobierno, poniendo fin a 16 años de Viktor Orbán en el poder tras derrota en elecciones parlamentarias; ganó el partido CISA liderado por Peter Mayar.
El malestar social por estancamiento económico, depreciación monetaria, corrupción, autoritarismo y congelamiento de 18.000 millones de euros de fondos europeos por Bruselas influyeron en el resultado histórico.