El partido CISA, liderado por Péter Magyar, exoficialista de 45 años, triunfó en las elecciones húngaras con el 53% de los votos y 136 escaños, logrando dos tercios del Parlamento y poniendo fin a 16 años de hegemonía de Viktor Orbán.
Los comicios registraron una participación masiva del 79%, la más alta desde la caída del comunismo. Magyar canalizó el malestar por estancamiento económico, depreciación de la moneda, corrupción y autoritarismo, agravado por el congelamiento de 18.000 millones de euros de fondos europeos de Bruselas por violaciones al Estado de Derecho y control de medios.
Pese a su perfil conservador, prometió cambios políticos, mejora de servicios públicos y justicia. Buscará cortar la dependencia energética de Rusia para 2035, desbloquear apoyo a Ucrania, exigir dimisión de la cúpula judicial y viajar a Bruselas para reestablecer relaciones con la UE, alivio para el bloque ante la postura pro-Kremlin de Orbán respaldada por Washington vía JD Vance y Putin.
Panelistas destacaron que Magyar admiraba a Orbán hasta 2024, surgió de su espacio, mantiene agenda conservadora doméstica y dudas sobre oposición total a ingreso de Ucrania a la UE, aunque celebran su fin como socio incómodo de Putin.