Los vecinos de las torres en Parque Patricio conviven diariamente con el cráter del derrumbe ocurrido hace casi dos meses, generando estrés postraumático generalizado.
Muchos reciben tratamiento psicológico y toman medicación como cetranin y clorazepam. Se despiertan a las 4:30 de la mañana reviviendo el miedo, con angustia y pesadillas constantes.
Una enfermera del Garrahan no acerca a su hijo con autismo al lugar por temor al apuntalamiento inestable. La aseguradora dio de baja la póliza y nadie quiere asegurar el edificio.
Problemas persisten con ascensores a punto de quedar sin service y vehículos atrapados bajo escombros, a la espera de autorización fiscal para removerlos.
La gente se siente sola y frágil mentalmente, agravado por la vista diaria del desastre desde balcones y pasillos.