Alejandro contó involucrarse desde 16 años en casa de espíritus por protección en delincuencia, consumiendo posirrán, marihuana y cocaína; escuchaba voces, veía sombras, hacía baños con sangre y ofrecía animales sin salida, llegando a deseo suicida.
Tras escape policial, llegó a Iglesia Universal con esposa; pastor lo orientó, participó reuniones, dejó drogas esa noche, rompió pacto diabólico haciendo uno con Dios por un año; abandonó amistades tóxicas, restauró relación conyugal y salió adelante.