El pastor Cinalli continuó su prédica exaltando a las mujeres heroínas bíblicas como Débora y Jael, que se pusieron del lado de Dios para hacer huir al enemigo y reclamar el botín de almas. Citó el Salmo 68 sobre una gran multitud de mujeres que anuncian buenas nuevas y recordó a Miriam celebrando la victoria sobre el faraón, así como a las mujeres que sostuvieron el ministerio de Jesús y fueron las primeras testigos de la resurrección.
Débora, jueza y profetisa, guió a Israel contra los cananeos oprimidos por 20 años bajo Javín y Cisara, inspirando a Barak cuya fe dependía de su relación con Dios. La honra quedó en manos de Débora, coronada como madre para Israel por prohijar a la nación mediante su vínculo con Dios, convirtiéndose en inspiración para soldados desanimados.
Jael, mujer extranjera, mató a Cisara y recibió bendición, contrastando con la madre de Cisara, quien preparó a su hijo para la opresión cruel y el abuso de doncellas israelitas, esperando botín como una niña o dos por guerrero. El pastor criticó esta maternidad egoísta y destructiva.
Cinalli llamó a las mujeres a levantarse como Débora, madres para sus hogares, células y ministerios, rechazando lamentaciones y comprometiéndose con Dios para que brillen como el sol del mediodía. Anunció un nuevo comienzo donde todo cambia al ponerse del lado de Dios, cerrando con gloria y adiós.