El Espíritu da testimonio interno de ser hijos de Dios, permitiendo clamar "Abba Padre" cariñosamente, como niños hebreos a su papá. No es para cualquiera, sino para quienes recibieron a Cristo; supera paternidad terrenal imperfecta.
Son herederos de Dios y coherederos con Cristo, con recursos divinos y entrada libre al cielo como familia. El pastor asegura que hijos son cuidados y reconocidos en la casa de Dios.