Una mujer contó su primera etapa en la Iglesia Universal donde dejó nerviosismo, bronca, rencor y tristeza para ganar paz, esperanza y bendiciones como sanidad, prosperidad y familia estable. Pero al alejarse perdió todo: estabilidad económica, salud con hemorragias, dolores de cabeza inexplicables, visiones de sombras y depresión profunda.
Su hijo con lupus empeoró e internó sin causa clara según médicos, sumiendo a la familia en angustia. Arrodillada en el hospital pidió guía a Dios, recibió invitación y volvió al templo, bautizándose de nuevo y priorizando el Espíritu Santo con ayunos y oración.
Recibió certeza de la presencia de Dios, transformándose interiormente con alegría y razón de vivir. Su familia, salud, hijos y economía mejoraron; ahora tiene negocio propio y paz incomparable que solo Dios da.