Un biólogo marino recibe un correo que cambia su vida y lo lleva a realizar el viaje soñado desde joven, siguiendo los pasos de Jacques Cousteau con su barco Calypso. Prepara su bitácora en el laboratorio ante la emoción y ansiedad, organizando zarpe desde Buenos Aires hacia el sur hasta Península Valdés para estudiar mamíferos marinos y aves marinas.
En la primera etapa recorre costas bonaerenses como Mar del Plata, Quequén y Necochea, recordando matanzas históricas de lobos marinos desde la época de Juan Díaz de Solís y Pedro de Mendoza hasta los 1960. La segunda etapa busca delfines en disminución por pesca, contaminación y tráfico naval.
Llega a Península Valdés, Patrimonio de la Humanidad, para observar ballenas francas australes protegidas desde 1984, orcas expertas en varamiento intencional para cazar crías de elefantes y lobos marinos, únicos en el mundo junto a Crozet. Destaca adaptaciones de elefantes marinos, aves como pingüinos de Magallanes y la necesidad de equilibrio ecosistémico.
Zarpa finalmente del puerto de Buenos Aires en bruma, ansioso por reconectarse con el océano y promover su conservación como cuestión de supervivencia. Conservar los océanos no es solo responsabilidad, sino supervivencia.