Una escuela con albergue construida desde cero en el Impenetrable del Chaco permite que los chicos de parajes remotos asistan a clases de lunes a viernes, recibiendo alimentación, higiene y educación sin las dificultades de los traslados diarios en moto.
Familias como la de Carlos Eduardo Campo en El Azul enfrentan gastos semanales de hasta 30.000 pesos en combustible para llevar a sus hijos a la escuela, sumado a reparaciones constantes por caminos malos, mientras los padres trabajan en postes de madera y leña sin otros empleos disponibles.
Los niños expresan sueños profesionales como biología, policía o educación física, y la directora enfatiza que el colegio rompe patrones familiares de pobreza, permitiendo que egresados cursen terciarios y sueñen con trabajos a la sombra en lugar de labores rurales duras.
Padres y alumnos destacan la responsabilidad en estudios pese a interrupciones por clima o falta de señal para clases virtuales, y el albergue ofrece dormitorios compartidos, duchas y comidas cuatro veces al día, transformando realidades en zonas sin secundaria previa.