La baja en la frecuencia sexual genera quejas y malestar en la pareja, fisurando el vínculo porque el erotismo es un elemento fundante de la relación monógama.
Expertos explican que no todas las discusiones provienen de esto, pero su ausencia trae problemas. La dopamina liberada en el sexo crea adicción positiva si es consensuada, pero se vuelve problema si regula emociones del otro con exigencias.
La frecuencia ideal varía por pareja, sin mínimos recomendables; priorizar calidad sobre cantidad evita compensar infidelidades o problemas con números altos.
Ni alta frecuencia garantiza éxito ni baja asegura fracaso, pero disconfort en frecuencia erosiona la relación.