Raúl llegó a la congregación sin poder caminar, tras médicos y exámenes sin solución.
Recibió invitación a reunión en la sede central, viajó 150 kilómetros en colectivo pese al dolor, y durante la oración del pastor, sintió que los nudos en su cuerpo desaparecían.
Ya podía doblar la pierna sin dolor y se sintió gozoso, atribuyendo la sanidad a Dios y Jesús.
El domingo fue un encuentro con el poder de Dios, transformando vidas.