Marcos Cabezas, misionero en Líbano, describe los últimos tres días como los peores con mayores ataques y muertos, sin cese al fuego efectivo en su zona a 20 km norte de Beirut.
Desde su hogar de miseria asisten a personas con problemas de drogas, alcohol y ex prostitutas, ahora suman 70 refugiados africanos de mano de obra barata del sur del país, similar a 150 en 2024.
El equipo de seis personas (cuatro argentinos, una colombiana, un hondureño) enfrenta inestabilidad emocional de los damnificados en medio de la guerra.