La hambruna de 1946 en Moldavia causó la muerte de alrededor de 150 mil personas, equivalente al 10% de la población, según testimonios y evidencias recopiladas por investigadores como Larisa Turea.
Sobrevivientes como Nina Dandara relatan cómo las autoridades soviéticas confiscaron alimentos y reservas, dejando a la población sin nada pese a ser un granero de la Unión Soviética. La sequía y posguerra se usaron como excusa, pero documentos muestran que Stalin sabía y exportó cereales mientras la gente moría de hambre.
Investigadores denuncian que la hambruna fue orquestada para debilitar a la población romanos parlante, más barata que deportaciones masivas. En regiones como Gagauz, hasta el 80% de la población pereció, con casos extremos de canibalismo.
Hoy persiste la nostalgia soviética en algunos, pero memoriales y libros como el de Turea, adaptado a teatro, buscan preservar la memoria contra narrativas prorrusas en un país dividido por la UE y Rusia.