Elsa sintió un dolor horrible en pecho, espalda y brazo izquierdo, con bultos rojos, ganglios hinchados y fiebre local, temiendo cáncer como su padre fallecido.
Paralizada por miedo, evitó médicos; en una reunión recibió aceite de luz del pastor y se ungió las zonas afectadas pese al dolor.
Al día siguiente desaparecieron todos los síntomas: bultos, ganglios, dolores y fiebre; atribuye el milagro inmediato a su fe usando el aceite como punto de contacto con Dios.