Diego enfrentaba deudas y dificultades para pagar alquiler, expensas y servicios recién casado, generando angustia económica.
Participando en reuniones y cadenas de la Iglesia Universal, escuchó sobre el aceite de luz y decidió usarlo ungiendo sus manos diariamente.
Su economía cambió: saldó deudas, solventó gastos, compró un auto, estabilizó finanzas y realizó viajes por Argentina y otros países, logrando una vida bendecida.