Andy Chango revela que envía mensajes privados a Francisco Cerúndolo, el tenista argentino mejor rankeado, para alentarlo en partidos contra rivales como Arderi, recordándole ventajas de entrenamiento en polvo de ladrillo.
Confiesa ser buen tenista pero no competitivo; amigos le piden dejar de escribirle a Cerúndolo temporalmente por no ayudar en resultados.
La charla cierra con apreciación por tenis recreativo y colores olímpicos.