Los alemanes expresan una devoción profunda por los automóviles desde la infancia, viéndolos como símbolos de libertad, emoción y estatus cultural, con relatos de primeras palabras "auto", fascinación por sonidos de motores de carreras y compras de sueños como Porsche o Golf GTI de segunda mano.
Fotógrafos como René Staud capturan autos en libros de lujo como el Silver Book, publicistas venden historias familiares y rebeldes comparan reducir emisiones de Ferrari con cuestionar pinturas de Picasso, defendiendo su función cultural pese restricciones climáticas y amenazas a críticos.
Críticos destacan inconvenientes como impuestos altos, contaminación, espacio urbano excesivo para autos y riesgos para peatones con SUV elevados, mientras artistas construyen esculturas efímeras de barro para cuestionar el fetiche y expertos en diseño de Audi como doctor Michael Krupa enfatizan luz, olores neutros y personalización emocional.
En Autostad, clientes viven emociones en entregas de vehículos nuevos, elevándose en escaleras mecánicas para sorprenderse con su auto, combinando competencia y empatía en un recorrido diseñado para generar entusiasmo, reflejando la compleja relación ambivalente de los alemanes con sus coches.