Gustavo relató un matrimonio fallido abrupto con dos hijos pequeños, cierre de su comercio por falta de clientes, embargos, hipotecas y deudas que lo dejaron sin salida, con velo negro de ansiedad, insomnio y pensamientos suicidas.
Comenzó a participar en reuniones de la Iglesia Universal por consejo de un pastor, escuchando sobre fe, lo que eliminó todo lo malo y le dio dirección para negociar deudas viejas exitosamente.
Hace más de 24 años su vida cambió: Dios orientó su actual negocio próspero, reconstruyó familia nueva, y su vida espiritual crece sin miedos ni dudas, impulsada por el Espíritu Santo como motor.