Claudia De Grossi explicó cómo detectar huevos frescos sumergiéndolos en agua: los que se hunden son frescos, los que flotan están envejecidos. Al cascarlos, la yema compacta y la clara firme indican buena calidad, mientras que si se desparrama está viejo.
Recomendó guardarlos en heladera con la punta hacia abajo para evitar el crecimiento de salmonella, que coloniza el ovario de la gallina y puede estar dentro del huevo. No lavarlos antes de guardar para preservar la protección natural de la cáscara, ya que frotar suciedad la empuja adentro.
Insistió en cocinarlos bien hasta que clara y yema estén consistentes, como revueltos o duros, y comerlos inmediatamente. Mencionó el caso reciente de un señor que murió por tortilla poco cocida dejada a temperatura ambiente, y advirtió contra mayonesa casera con huevo crudo o poché mal cocido.
Adultos sanos tienen bajo riesgo si compran en lugares habilitados, refrigeran y cocinan bien, pero siempre cascar en recipiente aparte para evitar contaminar lotes. La salmonella se encuentra en alimentos frescos como vegetales y huevos.