Una mujer contó sus problemas espirituales desde la niñez: dolores de cabeza constantes, desmayos, insomnio, miedos, agresividad y pensamientos suicidas hacia vías del tren.
Temía la oscuridad, golpeaba cosas por falta de control. Pidió ayuda a su mamá, llegó un viernes a Iglesia Universal y sintió presencia de Dios prometiendo felicidad.
Se liberó esa noche de miedos, angustia y vacío, durmió en paz por primera vez. Recibió el Espíritu y ahora tiene paz, alegría y es feliz.