Una mujer cuenta que desde el nacimiento padecía escoliosis con la columna desviada, lo que le impedía sentarse o pararse sin dolor constante y requería medicamentos, confirmada por placas médicas.
Durante una convención el viernes anterior, recibió sanidad divina y desde entonces no siente dolores, duerme bien y realiza todas sus tareas habituales que antes no podía hacer.
El pastor celebra el testimonio, atribuyéndolo a un Dios poderoso, y menciona que en el colectivo camino a casa sintió algo acomodarse internamente tras las oraciones.