La carne vacuna aumentó un 10,6% promedio en marzo, con picos superiores al 20% en algunos cortes y regiones del país, mientras el consumo cayó un 47% en el último año, obligando a las familias argentinas a reemplazarla por opciones más económicas como pollo, cerdo, verduras, harinas o pescado.
En las calles, los consumidores confiesan que mantienen el consumo similar rebuscándose con cortes accesibles como tapa de nalga, milanesas y asado ocasional, pese a notar la suba notoria; algunos viajan desde Once al matadero por precios más bajos y compran para un mes.
Supermercados promocionan pollo fresco por kilo para diferenciarlo del congelado más pesado y barato; una ama de casa afirma que la paleta bajó en general, aunque otros cortes como mondongo e intestines también subieron, complicando la economía diaria.
El aumento no es solo un tema de precios, sino cultural y nutricional para los argentinos, donde la carne es plato fuerte tradicional, pero la crisis fuerza cambios en la mesa familiar.