Los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay atraviesan miles de kilómetros desde el trópico hasta las llanuras templadas de Argentina, modelando el paisaje de la Mesopotamia con su flujo hacia el Río de la Plata.
Los sedimentos arrastrados desde las sierras y montañas se depositan en bancos de arena al llegar a la planicie, donde especies pioneras como el sauce criollo y el aliso arraigan y forman barreras que capturan más sedimentos, dando origen a islas que nacen, crecen y desaparecen en ciclos de 10 a 15 años.
En el río Uruguay, aves como los rayadores migran en primavera, cavan nidos en galerías y pescan en aguas bajas sumergiendo el pico; el Martín Pescador defiende su territorio con cantos y vuelos exhibicionistas.
El Paraná transporta sedimentos andinos voluminosos que forman islas en la Tebelga y el pre-delta; durante crecidas, las aguas arrastran vegetación ribereña y forman camalotales flotantes que sirven de transporte para animales pequeños.
Plantas como el irupé flotan con cavidades de aire, soportan peso para aves como el caramelo, y la jacana camina sobre ellas con patas largas; grandes inundaciones cada 20 años renuevan el ecosistema depositando nutrientes.