El pastor continúa su sermón afirmando que todo ser humano es totalmente corrupto por naturaleza según la Biblia, citando Génesis 6:5, Romanos 3:10-23 y Salmos 14 y 53, donde no hay justo ni quien busque a Dios sin su iniciativa, ya que estamos espiritualmente muertos como en Efesios 2.
Explica que el hambre por Dios es puesta por Él mismo y precede un encuentro sobrenatural con su presencia, iniciando todo avivamiento personal, familiar o nacional. Alimentar ese hambre requiere disciplinas espirituales como oración congregacional, ayuno y caminatas de oración para vencer demonios testarudos y lograr liberación.
Presenta ejemplos bíblicos de hambre: Jacob no soltó a Dios hasta bendecirlo, Moisés rechazó ángel por presencia divina, Pablo desechó todo por Cristo, David anhelaba habitar en la casa del Señor. Llama a abandonar vidas tibias y superficiales, desechando pasatiempos religiosos por un enfoque total en Dios.
Contrasta fuegos bíblicos: destructores como castigo a Nadab y Abihu, Coré, Datán y Abiram, o quejidos israelitas; versus el fuego purificador del bautismo del Espíritu Santo (Mateo 3), que refina, da pureza, pasión, unción y poder contra Satanás, no para destrucción sino para misión efectiva.
Enseña esperanza porque Dios está de nuestro lado (Romanos 8), insta a pedir en lugar de luchar solos para crecimiento, rechazar amistad con el mundo que es enemistad con Dios (Santiago 4), y recibir gracia por humildad para someterse a Dios y resistir al diablo, logrando cielos abiertos en vida, familia y economía.