El pastor Cinalli concluye su sermón enfatizando que la única fortaleza verdadera debe ser Dios y que los pensamientos de los creyentes deben alinearse con los de Jesús para que la mente deje de servir al diablo y se ponga al servicio del Señor.
Insiste en que la mente es el taller del enemigo si alberga pensamientos contrarios a Dios, pero con arrepentimiento y sumisión total, se derriban las fortalezas malignas usando armas divinas como la verdad, justicia, oración y fe.
Explica que el pecado y la rebeldía dan legalidad al diablo, y sin arrepentimiento genuino, la liberación es imposible, ya que el enemigo regresa peor. Llama a rendir todas las áreas de la vida a Dios para victoria total y sanidad integral.
Recuerda pasajes bíblicos como 2 Corintios 10 y Efesios 6, advirtiendo vigilar ojos, oídos, lengua y relaciones para evitar accesos del enemigo a la mente.