El caos en el transporte público continúa con pasajeros esperando hasta cuatro horas en la terminal de Moreno para subir al colectivo 57 hacia Palermo, donde las unidades salen cada 40-50 minutos pese a tener choferes disponibles pero sin guardas controlando.
En Liniers, una embarazada de 8 meses renuncia a subir por temor a ser aplastada en la lucha cuerpo a cuerpo; choferes no abren puertas laterales para evitar hacinamiento, y pasajeros naturalizan viajar como ganado con riesgos de inseguridad y pertenencias atrapadas en puertas. Testimonios revelan salidas con 3 horas de anticipación para llegar al trabajo.
En Lanús, filas de 20-30 personas persisten pese a leve mejora en frecuencias durante el pico matutino; una trabajadora en salud mental como Karina denuncia crisis económica que impacta en familias, niños y calidad de vida, con costos de boletos como 3.000 pesos por tramo no justificados por el servicio precario.
Accesos como Este, Lugones y General Paz se saturan por quienes optan por autos ante el colapso; en Constitución, pasajeros migran al subte C. El conflicto entre empresas, sindicatos y combustibles agrava la situación, con peleas entre usuarios y quejas por aumentos inminentes en boletos.