Israel lanzó ataques masivos en Líbano dejando más de 250 muertos y cientos de heridos en Beirut y otras regiones, en el mayor bombardeo desde el inicio de la guerra con Hezbollah el 2 de marzo, pese al alto el fuego de dos semanas entre Estados Unidos e Irán mediado por Pakistán tras seis semanas de confrontaciones que causaron miles de muertos.
Medios iraníes reportan el cierre del estrecho de Hormuz en represalia, aunque la Casa Blanca insiste en que permanece abierto y califica el acuerdo como victoria estadounidense. Donald Trump aclaró que Líbano no está incluido en la tregua, mientras Israel advierte estar listo para combatir. Celebraciones en Irán contrastan con cautela de líderes como Alemania, Reino Unido y Japón que piden paz duradera.
En entrevista, la profesora Irene Martínez Fernández de la Universidad Aga Khan explicó que ambas partes tienen interés en mantener la tregua pero difieren en narrativas: Irán exige incluir Líbano por sus aliados, Estados Unidos prioriza Hormuz. Pakistán medió con apoyo de China, Turquía, Egipto y Arabia Saudí para evitar escalada nuclear.
Reportaje desde Dahye en Beirut muestra destrucción apabullante como apocalipsis, con bombardeos continuos y contraste en zonas cristianas como Junié. Más de un millón de chiítas huyen, generando tensiones sectarias, discriminación a desplazados y apoyo persistente a Hezbollah pese al caos. Hospitales desbordados y operación Oscuridad Eterna israelí agravan la crisis.
Gobierno libanés y Hezbollah dan la bienvenida a la tregua pero advierten respuesta si Israel persiste. Irán amenaza romperla regionalmente. La ofensiva sorprendió a civiles en hora pico, sumando a 1.500 muertos previos en cinco semanas.