Un delincuente apuñaló a una empleada en un comercio chico de la zona oeste, dándole tres o cuatro puntazos, uno cerca de la jugular que casi la mata, mientras pedía un kilo de comida para gato antes de atacarla.
El ladrón es un cobarde que pega culatazos a mujeres indefensas; en otro robo similar, golpeó a la víctima y huyó sin plata porque nadie paga en efectivo, mostrando desesperación de la delincuencia por atacar comercios pequeños.
Los conductores critican a policías, jueces y fiscales por dejarlo libre; observan mayor violencia en asaltos menores, agravados por uso de arma y contra mujeres.