Los pasajeros del AMBA continúan sufriendo esperas de hasta una hora en paradas de colectivos debido al recorte drástico de frecuencias implementado por las empresas de transporte. Las firmas justifican la medida por el aumento del precio del gasoil, la quita de subsidios y la caída del 20% en usuarios en dos años, pese a un boleto que subió más del 1.100%.
En reportajes en vivo desde Barrancas de Belgrano, Constitución, Liniers y otras zonas, trabajadores como cocineros, electricistas, policías, enfermeras, vendedoras y preceptores expresan bronca por el servicio empeorado: colectivos llenos, sin calefacción, frecuencias cada 15-20 minutos y esperas eternas bajo lluvia y frío. Muchos tardan dos horas en viajes que antes eran más cortos y optan por apps caras como Uber a 10.000 pesos para no llegar tarde.
Los entrevistados destacan que los sueldos bajos, con un promedio de 800.000 pesos según INDEC para más de la mitad de los asalariados, no alcanzan: pagan gran parte en transporte, alquieler y servicios. Ejemplos incluyen madres solteras endeudadas con tarjetas, residentes médicos desfinanciados y vendedores con comisiones flojas que no llegan a fin de mes.
El caos se agrava en horarios pico, con filas enormes y colectivos empañados por humedad. Periodistas registran calles vacías de buses pese a la demanda, y advierten incertidumbre para el servicio de mañana por análisis internos y atención a gremios. La situación refleja el impacto cotidiano de los recortes en la vida de los laburantes.