Empresas de colectivos redujeron hasta un 30% las frecuencias por el aumento del precio del gasoil, generando filas eternas en paradas como Liniers y Constitución donde los pasajeros esperan hasta una hora y viajan hacinados.
Pasajeros como Lourdes, Camila, Valentina, Juan, Hernando, Julián y otros llegan tarde al trabajo, pierden presentismo y critican la situación que afecta su calidad de vida con inseguridad nocturna, empujones y malabares diarios para llegar a tiempo. Muchos viajan más de dos horas desde zonas como Morón, Virrey del Pino o Banfield.
Luciano Fusaro, presidente de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte, explicó la degradación del sistema con 3.000 colectivos menos en cuatro años y dificultades para pagar salarios mañana por falta de subsidios. Advirtió frustración general y posible conflicto sindical, aunque no corte total de servicio.
Entrevistados cuestionan al gobierno por priorizar empresarios sobre trabajadores, critican aumentos de boletos sin subir salarios y defienden que las cosas valgan lo que cuestan pero con ajustes graduales. La situación prueba la paciencia y deteriora la vida del laburante con salidas tempranas y retornos tardíos.
Reportero en Constitución mostró filas infinitas, colectivos repletos y testimonios de María José (empleada administrativa de Virrey del Pino con 5 horas diarias de viaje) y Patricia (madre con malabares por maternidad), resumiendo el malestar por falta de diálogo gubernamental.