El pastor detalla profecías cumplidas sobre rechazos a Jesús desde su nacimiento en Belén hasta Gadara y enfatiza la salvación eterna por obediencia al Evangelio. Explica que nadie pasa automáticamente al cielo sin arreglar cuentas en la cruz de Cristo haciendo de Jesús el Señor y Salvador, ya que el destino por defecto es el infierno para incrédulos, como Jesús advirtió a fariseos e hijos del diablo.
Describe vívidamente el infierno como fuego eterno que no se apaga, gusanos que consumen cuerpos inmortales y tormentos, instando a arreglar cuentas antes de la muerte pues no hay purgatorio ni excusas. El futuro profetizado ofrece cielo o infierno según la decisión tomada en vida.
En la segunda venida Jesús trae recompensas para obedientes, confiados en tormentas, servidores entusiastas, pacientes que esperan y sufrientes por fe. Dios no olvida esfuerzos por servirle ni el bien hecho en anonimato, oraciones, ayunos ni dar agua a discípulos, prometiendo bendiciones ricas.