Juan, inmigrante paraguayo llegado de chico a Argentina buscando oportunidades, vivió años de changas inestables, deudas, alcohol y cigarrillo para olvidar sus problemas, sin poder ayudar a su familia ni estabilizarse pese a casarse y tener hijos.
Invitado por su esposa, tras ocho años de reticencia concurrió a la Iglesia Universal y participó en reuniones de prosperidad los lunes, logrando su primer vehículo, luego un cero kilómetro, casa propia, estabilidad para vestir y comer.
Conquista mayor fue el Espíritu Santo, que le da fuerza diaria para enfrentar luchas. El cambio fue interior, de mentalidad mediante la palabra de Dios, no solo fuerza física.