Mónica Pisi, ingeniera agrónoma de Mendoza, enfrentó carácter fuerte de su esposo, enfermedades crónicas en sus hijos con altos gastos farmacéuticos, economía decrecida, esposo ausente y malhumorado, llegando a tocar fondo buscando soluciones en vano.
Una empleada la invitó a la Iglesia Universal, donde mejoraron las enfermedades de los niños, surgió paz familiar y oportunidades laborales para ella en countries con ventas de plantas, y su esposo en centrales nucleares.
Conquistaron casa quinta de 400 m2, departamento en Pueyrredón, otro en Noro Verde, autos para hijos, camionetas 4x4 nuevas, estudios universitarios para los tres niños, y el Espíritu Santo trajo paz y relación renovada como en la adolescencia.