Personas con trastornos alimentarios revelan que durante el día controlan su ingesta para hacer dieta, pero de noche sufren atracones incontrolables que les generan culpa y ansiedad.
Testimonios describen despertares a las tres de la mañana para comer en secreto, escondiendo envases por vergüenza, lo que fragmenta el sueño y agrava el estrés en un círculo vicioso. Una afectada cuenta que comía vorazmente en kioscos nocturnos, mientras otra ocultaba comida pese a vivir con su esposo.
Expertos explican que el descontrol surge de acumular hambre diurna, impactando hormonas y emociones. Las entrevistadas, como Cristina, Magalí, Carolina, Valentina y Gonzalo, admiten que aún recaen bajo estrés, pero la terapia y nutricionistas ayudan.
La conductista Cicia enfatiza que la solución radica en comer ordenado de día, no en restricciones extremas, y anima a consultar profesionales para romper el ciclo.