Eduardo Betancourt, enfermero de 44 años, fue encontrado muerto en su departamento de Aquilaba al 400 entre Charcas, sentado en una silla con una jeringa en el brazo derecho y cuatro ampollas de fentanilo y midazolam al lado, mientras en la cocina hallaron 112 ampollas de drogas como fentanilo, propofol, clonazepam y dexametasona.
La hermana lo descubrió el viernes tras viajar desde Gualeguaychú al perder contacto desde el 30 de marzo; tenía tres celulares y no trabajaba, en investigación por sobredosis o homicidio escenificado, vinculado posiblemente a viajes controlados de drogas y la muerte de Alejandro Salazar, otro profesional de salud a ocho cuadras, el 20 de febrero.
Amigos sospechan asesinato porque "vio algo que no debía"; se investiga cambio en su perfil de X el viernes y coincidencia con publicidad del caso Salazar-fentanilo. No hay vínculo confirmado con acusados del caso anterior, pero inquieta la cercanía y fechas similares.
El director del Hospital Fernández, toxicólogo Carlos Damin, explica que el fentanilo, opioide 100 veces más potente que morfina usado en hospitales, causa sobredosis fácil fuera de control médico; en EE.UU. mata 100.000 al año, primera causa entre 20-30 años, pero en Argentina casos esporádicos sin problema social grave aún.
Propofol no genera dependencia pero se usa recreativamente; adictos a opioides rara vez se recuperan, y estas drogas solo se obtienen por robo hospitalario dada su trazabilidad estricta. Expertos alertan sobre riesgo creciente en trabajadores de salud.