Haití fue obligado en 1825 por Francia a pagar 150 millones de francos de oro a antiguos colonos como indemnización por la independencia lograda en 1804 tras derrotar al ejército napoleónico en la batalla de Vertieres.
La colonia francesa de Saint-Domingue, la más rica del mundo por el azúcar y esclavitud, vio una revolución en 1791 liderada por esclavos como Dutty Buchmann y Toussaint Louverture, que abolió la esclavitud en 1794 pese a expediciones francesas para restaurarla.
Tras la independencia, el rey Carlos X envió al barón de Mackau con ultimátum respaldado por armada: pago o invasión. Jean-Pierre Boyer aceptó, generando deudas que duraron 125 años, hundiendo a Haití en subdesarrollo mientras Francia prosperaba.
Los pagos se gestionaron vía bancos franceses, creando un círculo vicioso de préstamos. Haití quedó aislado diplomáticamente hasta el reconocimiento, pero la deuda perpetuó inestabilidad y pobreza en la primera república negra.