Francia obligó a Haití a pagar una indemnización de 150 millones de francos de oro en 1825 a cambio de reconocer su independencia, una deuda equivalente a diez años de ingresos estatales que perpetuó la pobreza del primer país negro libre durante más de un siglo.
Tras la rebelión de esclavos en 1791, los haitianos expulsaron a los franceses, pero Napoleón envió 42.000 soldados para restaurar la esclavitud. La deuda se renegoció a 90 millones en 1838, pero incluyó intereses ruinosos vía bancos franceses, generando una doble deuda que duró hasta 1947 e impidió invertir en carreteras, escuelas y hospitales.
El neocolonialismo francés controló el comercio y el Banco Nacional de Haití, fundado en 1880 con capital francés, drenando ingresos aduaneros. En 1915, Estados Unidos invadió y saqueó las arcas, seguido de la dictadura Duvalier y Tonton Macoute. Jean-Bertrand Aristide exigió en 2003 el reembolso equivalente a 21.000 millones de dólares, pero fue derrocado en 2004 con intervención francesa y estadounidense.
Francia reconoció la esclavitud como crimen contra la humanidad con la ley Taubira en 2001 e incluyó la historia en manuales, pero omite la deuda. Hollande mencionó en 2015 una "deuda moral" en Haití, generando aplausos, aunque diplomáticos lo minimizaron. Expertos haitianos exigen justicia y reparaciones para honrar la memoria y sanar heridas.