La misa de Pascua en la Plaza de San Pedro continúa con el salmo responsorial que proclama "Este es el día del triunfo del Señor", destacando la misericordia eterna de Dios y la piedra angular rechazada que se convierte en milagro patente por obra del Señor.
Se lee la segunda lectura de la Carta de San Pablo a los colosenses, exhortando a los fieles a buscar los bienes del cielo donde Cristo está sentado a la derecha de Dios, pues han muerto y su vida está escondida con Él, manifestándose gloriosos en su venida. Sigue la secuencia pascual, himno que resalta al Cordero sin pecado que salva a las ovejas, uniendo a Dios y culpables, y describe la victoria de la vida sobre la muerte, con María Magdalena como testigo del sepulcro vacío.
El Evangelio según San Juan se proclama primero en latín y luego en griego, tradición que subraya la universalidad de la Iglesia Católica uniendo Oriente y Occidente. Narra cómo María Magdalena descubre el sepulcro vacío, avisa a Simón Pedro y al otro discípulo, quienes corren y encuentran los lienzos y sudario, creyendo en la resurrección sin haber entendido aún las Escrituras.
En la homilía, el Santo Padre anuncia que toda la creación resplandece con luz nueva y la muerte ha sido vencida para siempre. Invita a ensanchar el corazón ante pecados, decepciones, violencia, abusos y guerras, recordando que la Pascua abre resquicios de resurrección y una nueva creación es posible, citando su exhortación Evangelii Gaudium sobre la fuerza imparable de la resurrección de Cristo que brota en la oscuridad.
El Papa exhorta a correr como María Magdalena anunciando la resurrección para que la luz de la vida venza el espectro de la muerte, bendiciendo con paz al mundo entero. Sigue un silencio para reflexión personal antes de profesar la fe.